Argentina, "fast-fashion" e industria textil

Argentina abre sus fronteras al fast fashion. Con la reducción de aranceles y la entrada masiva de plataformas como Shein y Temu, el ecosistema textil local se enfrenta a una competencia brutal. Mientras los precios altos empujan a los consumidores al exterior, la industria nacional busca protegerse con iniciativas como la “Ley Anti-Shein”. El resultado: un nuevo campo de batalla entre liberalización, protección y modelos productivos sostenibles.

DESTACADOSECONOMÍA E INDUSTRIA

Lucía Díaz Bartolomé

1/26/20264 min read

La ropa constituye uno de los principales bienes de consumo de la población argentina, representando el 2,5% del PIB total en 2022. En Argentina, el bien ocupa un lugar particularmente conflictivo, atravesado por precios percibidos como desproporcionados, la fuga de compradores al exterior y una creciente competencia con productos importados. En este contexto, la última decisión del gobierno de Milei de avanzar hacia la apertura de importaciones textiles abrió las puertas a la popularización de plataformas chinas de ultra fast fashion como Shein y Temu. Esto generó preocupación en la industria textil nacional, que afronta un declive creciente hace años, con baja productividad, cierre de puestos de trabajo y la baja utilización de la capacidad instalada, así como resistencias en varios sectores del gobierno.

Características de la industria textil nacional

En el territorio argentino se realizan todos los eslabones de la cadena productiva textil, desde la obtención de fibras naturales como algodón y lana hasta la confección de la ropa y su comercialización. Esta es una característica que lo diferencia con el resto de la región, facilitando el acceso a materia prima y servicios industriales locales. Mientras que se exporta con facilidad las cosechas de lana y algodón, los productos industriales, como los hilados, telas y las prendas mismas, casi exclusivamente se destinan al mercado interno. Por lo tanto, es necesario que el consumo interno abastezca esta demanda, que actualmente se encuentra desacelerada.

La ropa en argentina se ha vuelto muy inaccesible, con precios que resultan los más elevados de toda la región. Desde la industria textil se atribuye este costo no a la producción, sino a la comercialización y excesiva carga fiscal, donde sólo el 8% del precio corresponde al costo industrial de fabricación de la prenda. Desde 2007 hasta este año la industria estaba fuertemente protegida frente a la competencia extranjera con aranceles elevados comunes del Mercosur.

Shein y Temu: Apertura y popularización

En marzo el gobierno anunció la rebaja de los impuestos a la importación de ropa y calzado, pasando de 35% a 20%, telas de 26% a 18%, y distintos tipos de hilados de 18% a 12, 14 y 16%, volviendo a los aranceles establecidos antes del 2007. A pesar de contar con la intencionalidad de bajar los precios locales de la ropa y fomentar la competencia, economistas advierten que el efecto de esta decisión será una baja marginal, al concentrarse el impacto en sectores de ingresos medios y altos que acceden a productos importados o de calidad media/alta, resultando una solución de mediano plazo como alivio inflacionario. La acción generó preocupación en la industria textil nacional, al ser altamente protegida y estar enfrentando declives prominentes, una apertura brusca sin medidas de alivio puede resultar muy perjudicial.

Otra consecuencia importante es el aumento de consumo en las plataformas chinas de comercio electrónico como Shein y Temu, que ofrecen opciones de ropa fast fashion con precios artificialmente bajos. Este boom también despertó varias voces en el campo de la política, donde diputados como Miguel Ángel Pichetto, Oscar Agost Carreño, y Nicolás Massot presentaron un proyecto ante el Congreso buscando introducir reglas claras para regular las plataformas digitales extranjeras, argumentando que debilitan la producción nacional al ingresar al país sin cumplir normas y compitiendo de forma desigual. Desde la Cámara Argentina de la Indumentaria (CIAI) se está buscando introducir una ‘Ley Anti-Shein’, para que los productos ingresantes al país pasen los controles de seguridad correspondientes al ANMAT y queden sujetos a los aranceles e impuestos del país.

La iniciativa tiene como antecedente el caso de Francia, que sancionó una legislación propia en 2024 frente al avance de plataformas del ultra fast fashion, en respuesta a sus impactos económicos, sociales y ambientales, un tipo de política que también cuenta con el respaldo de la Unión Europea.

Le Utthe como caso de éxito

En medio de un escenario complejo para la industria, la marca de indumentaria argentina Le Utthe, iniciada en 1982 en la ciudad de Bragado de la provincia de Buenos Aires, se destaca por su capacidad de producir en el país y mantener precios relativamente accesibles, satisfaciendo la demanda interna por prendas básicas y accesibles.

Mucho de su éxito deriva de que gestiona la mayor parte de su cadena de producción, al ser dueño de sus propios campos de algodón e invirtiendo en plantas de fabricación y reciclado. La decisión por mantener la producción en el país reduce los precios de importar insumos necesarios para la confección de prendas. Aunque esta estrategia de ‘integración vertical extrema’ resulta exitosa para esta marca, no se puede pretender realizable para cada pequeña empresa en el país, ya que requiere suficiente capital para poder autoabastecerse. No obstante, ilustra un caso de éxito de producción nacional.

¿Qué dirección debe tomar la industria textil?

En definitiva, la apertura comercial en el sector textil expone con crudeza las tensiones estructurales de la economía argentina: precios altos, baja competitividad y un entramado productivo que sobrevive entre la protección y la falta de reformas de fondo. El desembarco de plataformas como Shein y Temu puede ofrecer alivios puntuales al consumo, pero difícilmente resuelva los problemas de raíz.

El desafío hacia adelante no parece estar en elegir entre cierre o apertura, sino en diseñar una transición inteligente que combine competencia, reglas claras y políticas activas que permitan a la industria nacional ganar productividad, sostener empleo y adaptarse a un mercado cada vez más globalizado. Casos como Le Utthe muestran que producir en el país es posible; el interrogante es cómo transformar esas excepciones en una estrategia más amplia y sostenible.