Argentina frente a América Latina en los conflictos en el Medio Oriente

En los últimos años, los conflictos en Medio Oriente trascendieron el plano regional para pasar a reconfigurar alineamientos estratégicos a nivel global. Así, la guerra impulsada por Estados Unidos en apoyo a Israel no solo impacta en la seguridad internacional, sino que también modifica la autonomía diplomática característica de los Estados latinoamericanos. En este contexto, Argentina adoptó una postura de respaldo explícito a Washington y Tel Aviv, diferenciándose de otros países de la región que optaron posiciones más equilibradas o críticas. Esta redefinición del alineamiento argentino plantea interrogantes sobre su tradición de política exterior, su inserción regional y el lugar que Latinoamérica ocupa frente a los conflictos internacionales contemporáneos.

POLÍTICA INTERNACIONAL

Emilia Novau

3/20/20263 min read

La reciente escalada bélica entre Irán, Estados Unidos e Israel ha consolidado un escenario de confrontación directa en Medio Oriente que repercute más allá de la región. En este contexto, las respuestas de América Latina se ubicaron en un amplio espectro y reflejan diferencias ideológicas y geopolíticas entre países. Dentro de este panorama, Argentina adoptó una posición más singular que la de la mayoría de los países de la región.

Posiciones Latinoamericanas

La respuesta latinoamericana ha estado marcada por una diversidad de posiciones diplomáticas. Estas podrían ser identificadas con tres tendencias. Primero, la de aquellos países que adoptaron fuertes críticas hacia la ofensiva israelí en Gaza. Dentro de este grupo se destacan algunos gobiernos de izquierda de la región que denunciaron abiertamente las acciones militares israelíes. Chile es uno de los casos más representativos: el presidente Gabriel Boric cuestionó duramente la ofensiva en Gaza y su gobierno tomó medidas diplomáticas para marcar distancia con Israel. Esto se explica, además, por la presencia de una de las mayores comunidades de origen palestino fuera de Medio Oriente.

Otros países eligieron posiciones intermedias que buscan alcanzar un equilibrio diplomático. Gobiernos como los de México o Brasil condenaron el ataque de Hamas contra Israel. Sin embargo, también criticaron la magnitud de la respuesta militar israelí y pidieron un alto al fuego, así como la protección de la población civil. Brasil y Colombia fueron los primeros de la región en apoyar la iniciativa sudafricana que acusa a Israel de cometer un genocidio ante la Corte Internacional de Justicia.

Por último, existe un tercer grupo de países que muestra una mayor cercanía política con Israel y con la postura estadounidense en el conflicto. En este marco, Javier Milei se convirtió en uno de los aliados más visibles de Netanyahu en la región, diferenciándose de la tendencia predominante en Latinoamérica. Esta divergencia entre el mandatario argentino y sus pares regionales se consolidó luego de los bombardeos israelíes-estadounidenses a Irán. Mientras tanto, Brasil y México abogaron por el respeto al derecho internacional y Colombia criticó directamente a los atacantes. Argentina expresó su apoyo por la operación. Este respaldo se puede deber a la memoria de los ataques terroristas de 1992 y 1994, los cuales fueron judicialmente adjudicados al gobierno iraní.

¿Cambio de rumbo o estrategia coyuntural?

Durante décadas, la política exterior argentina se caracterizó por la búsqueda de autonomía, entendida como un mayor margen de maniobra frente a las grandes potencias. Esto no implica un aislamiento, sino una búsqueda de autonomía relacional mediante alianzas internacionales diversas y acciones de cooperación que reduzcan asimetrías de poder.

Las últimas declaraciones del oficialismo argentino exhiben una pérdida relativa de la autonomía relacional con respecto a actores externos. Durante una exposición en la Universidad Yeshiva en Nueva York, Javier Milei calificó a Irán como enemigo de Argentina y reafirmó la alianza estratégica con EEUU e Irán. Asimismo, se definió como el presidente más sionista del mundo. Estos postulados sugieren un creciente alineamiento automático con las estrategias impulsadas por Trump y Netanyahu.

Cabe preguntarse si este giro en la política exterior argentina constituye una estrategia coyuntural o un cambio de orientación permanente. La pérdida de autonomía relacional ya marca una diferencia respecto de gran parte de América Latina. Los países de la región siguen preservando cierto margen para expresar posiciones propias de política exterior sin subordinarse plenamente a los mandatos de las grandes potencias. Queda por verse cómo incidirá este posicionamiento en el futuro de la inserción argentina en el sistema internacional.