Guerra en Medio Oriente: sus implicancias para Argentina
El conflicto desatado en Irán tras el ataque estadounidense-israelí del 28 de febrero está tensionando fuertemente las cadenas globales de suministro e imponiendo enormes desafíos al comercio mundial de petróleo. En un escenario donde el crudo aumenta sus precios y costos de producción, Vaca Muerta registra niveles históricos de actividad. La pregunta es inevitable: ¿qué significa el panorama de Medio Oriente para Argentina?
POLÍTICA INTERNACIONAL


La guerra desatada el pasado 28 de febrero tras los ataques concretados por Estados Unidos e Israel en territorio iraní ha desencadenado una crisis de gran magnitud, con repercusiones que trascienden el ámbito estratégico-militar. Desde entonces, Irán ha respondido con operaciones contra territorio israelí, así como contra bases militares y embajadas estadounidenses en países vecinos, provocando una rápida escalada a nivel regional.
Más allá de las consecuencias en los planos militar, humanitario y geopolítico, el enfrentamiento en una región altamente estratégica para el aprovisionamiento energético y el comercio mundial está generando importantes distorsiones en el funcionamiento de la economía internacional. Ello se ha visto especialmente tras la decisión iraní de cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde atraviesa el 20% del petróleo mundial, y los ataques de parte de ambos bandos contra yacimientos petrolíferos de la región.
El cierre del estrecho de Ormuz y sus efectos en las cadenas globales de suministro
El estrecho de Ormuz constituye una de las principales rutas marítimas del comercio mundial, conectando Asia con Europa. Su cierre acarrea enormes implicancias en las cadenas globales de suministro, lo cual resulta en el aumento de los precios de diversos bienes.
En el contexto del conflicto bélico y las amenazas iraníes de atacar cualquier navío que transite por el estrecho, muchas empresas han visto sus mercancías retenidas y han debido redireccionar sus cargamentos a través de rutas más seguras. Estas medidas conllevan un aumento de los tiempos de entrega y de los costos logísticos, todo lo cual, al igual que la escasez temporal de los bienes comerciados, repercute en los precios finales, generando tensiones inflacionarias a nivel mundial.
Con todo, no sólo el transporte por el estrecho de Ormuz se ha visto afectado. El comercio que transita por el Canal de Suez y el Mar Rojo también ha sido redirigido hacia rutas alternativas debido al aumento del riesgo a nivel regional, lo que está ocasionando, además, una creciente congestión en los nuevos puertos. Por su parte, el transporte aéreo se ha visto igualmente perturbado debido al cierre de espacios aéreos y la retención de aviones en numerosos aeropuertos. Buena parte de los productos transportados por dicha vía perecen rápidamente, por lo que los retrasos pueden ocasionar su deterioro, y, por consiguiente, notables pérdidas económicas. Entre los productos más afectados se encuentran el petróleo, bienes farmacéuticos, productos sanitarios y médicos, semiconductores y fertilizantes, entre otros insumos provenientes de las diferentes regiones de Asia.
La situación del petróleo
Según reporta Deutsche Welle, la guerra en curso ha provocado una reducción de aproximadamente 10 millones de barriles de petróleo diarios; pérdidas que no se deben únicamente al cierre del estrecho de Ormuz, sino también a los ataques perpetrados por las partes beligerantes contra instalaciones petroleras tanto en Irán como en demás países de Medio Oriente.
En este contexto, los precios del petróleo se dispararon y mostraron una fuerte volatilidad en los días posteriores, llegando incluso a alcanzar los 120 dólares por barril. Los mismos se moderaron tras el anuncio de Donald Trump el 10 de marzo de que la guerra está “casi terminada”, pero volvieron a subir el día 12, luego de que Irán bombardeara refinerías en países vecinos como Baréin y Arabia Saudita. Con miras a hacer frente al shock petrolero, la Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de reservas, mientras que EE.UU. hizo lo propio con 172 millones, así como levantó, el 20 de marzo, las sanciones al petróleo iraní por un mes. Aun así, para el 21 de marzo el precio del barril se mantenía en torno a los 107,40 dólares.
Implicancias para Argentina
Por un lado, las exportaciones energéticas encuentran una oportunidad frente a la necesidad de los importadores de petróleo de buscar proveedores alternativos. Un alza de las exportaciones y de las inversiones energéticas en una coyuntura de altos precios internacionales del petróleo favorecería el ingreso de divisas en momentos donde Vaca Muerta está registrando un desempeño positivo inédito.
Ciertamente, en el mes de enero, la producción petrolera en el yacimiento rompió un récord al alcanzar la producción de 882.000 barriles diarios. En este contexto, del 9 al 11 de marzo tuvo lugar la “Argentina Week” en Nueva York, donde una delegación de funcionarios del Ministerio de Economía y gobernadores provinciales participó de encuentros con inversores internacionales con el fin de atraer inversiones y promover las exportaciones energéticas.
Por otro lado, no obstante, el escenario también plantea adversidades para la economía interna. Una prolongación del conflicto que derive en un mayor aumento de los precios internacionales del petróleo alimentaría la inflación. De hecho, ya se registran subas en los precios internos de la nafta y demás combustibles, con la potencialidad de extenderse a los precios de los demás bienes de la economía, especialmente en vistas del impacto que tiene encarecimiento del petróleo sobre los costos logísticos. Todo ello afectaría, consecuentemente, también el costo de vida de los ciudadanos.
