Pragmatismo en el tablero global: la seguridad alimentaria como puente entre Argentina y el Golfo
En el último tiempo, el sistema internacional se ha visto sacudido por eventos desestabilizantes que afectan las relaciones económicas, comerciales y diplomáticas entre Estados. Los conflictos en Europa y escalada en Medio Oriente han devuelto las cadenas de suministro de alimentos a la primera plana. Ante este escenario, la pregunta que emerge es la siguiente: ¿qué papel puede jugar Argentina en este nuevo escenario?
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En el último tiempo, el sistema internacional se ha visto sacudido por eventos desestabilizantes que afectan las relaciones económicas, comerciales y diplomáticas entre Estados. Los conflictos en Europa y escalada en Medio Oriente han devuelto las cadenas de suministro de alimentos a la primera plana. Ante este escenario, la pregunta que emerge es la siguiente: ¿qué papel puede jugar Argentina en este nuevo escenario?
El Golfo frente al espejo de la vulnerabilidad externa
Para un país como la Argentina, alguna vez llamado 'el granero del mundo', la seguridad alimentaria suena poco familiar. Sin embargo, al analizar las matrices productivas globales, se advierte que son pocos los países con un superávit de producción de alimentos como el nuestro.
Para el Consejo de Cooperación del Golfo en particular (GCC), este es un tema prioritario. Según el Ministerio de Agricultura de Francia, en 2024 las importaciones representaron el 85% del consumo total de alimentos en el bloque, alcanzando el 90% en cereales. Esta vulnerabilidad explica el creciente interés de las monarquías árabes en el potencial de aprovisionamiento de América Latina.
El escenario actual, con la escalada entre Irán y Estados Unidos e Israel ha dejado a los estados del Golfo en una situación sumamente crítica. El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte del Estado Iraní tiene un doble impacto. La mayor consecuencia que vemos, por su impacto global, es la imposibilidad de salida de buques con petróleo (el 20% del crudo mundial sale por esa vía marítima). Sin embargo, estamos obviando algo de vital importancia para los habitantes de la región: la gran mayoría de los alimentos ingresan a la región por ese mismo estrecho.
La dependencia de las importaciones sumada a la escalada de violencia e inestabilidad sin un horizonte claro trae a la primera plana la vulnerabilidad del Golfo. La salida de circulación de Rusia y Ucrania como grandes proveedores de alimentos obliga a Medio Oriente a buscar socios con mayor estabilidad política y geográfica. Adicionalmente, el deterioro climático, la presión demográfica y la volatilidad regional despliegan un manto de incertidumbre sobre la capacidad de abastecimiento de estos países.
Hacia una alianza estratégica en alimentos
A la luz de la capacidad productiva de Argentina y América Latina, han aparecido en los últimos años casos concretos de cooperación. Uno de los más paradigmáticos y recientes es el acuerdo de libre comercio (actualmente en negociación) entre el Mercosur y los Emiratos Árabes Unidos. Con conversaciones iniciadas en julio de 2024, este tratado podría posicionar a los bienes agropecuarios del Mercosur en un lugar ventajoso al momento de ingresar a una de las economías con mayor renta del mundo.
También existen ejemplos representativos de más larga data. Uno de ellos es el de Almarai (empresa láctea líder en Medio Oriente). Mediante su filial Fondomonte S.A., desde 2011 gestiona más de 12.000 hectáreas en San Luis y Córdoba para garantizar el suministro exclusivo de forraje hacia Arabia Saudita. Con otra impronta, destaca el modelo de SALIC (brazo agroindustrial del fondo soberano saudí PIF), que desde 2015 se ha consolidado como accionista mayoritario de Minerva Foods, el principal exportador de carne vacuna de Sudamérica y propietario de la red de frigoríficos Swift.
Esta convergencia de intereses no se limita al agro. Con el desarrollo de los recursos no convencionales de Vaca Muerta, Argentina ha captado el interés de los principales capitales energéticos. Tan solo el mes pasado se oficializó el ingreso de XRG (ADNOC, empresa petrolera emiratí) como socio estratégico en el proyecto liderado por YPF para la exportación de GNL. A través de la firma de un acuerdo vinculante que incluye también a la italiana ENI, las tres firmas consolidan su alianza como socios fundadores de Argentina LNG, el proyecto de exportación de Gas Natural Licuado más grande en la historia de Argentina, para avanzar en las etapas de desarrollo.
El imperativo de la diversificación
La velocidad de estas alianzas posiblemente esté urgida frente al impactante panorama internacional que hemos vivido en las últimas semanas. En enero, el presidente Trump anunció la liberación de reservas petroleras venezolanas, amenazando con una sobreoferta que presionará los precios del crudo. Hoy en día, frente al cierre de Ormuz, el petróleo ha subido abruptamente. Pero frente al hermetismo comercial que vive el Golfo, lo que normalmente sería una situación ventajosa, hoy es una oportunidad trunca.
Frente a tanta incerteza, la necesidad de los países árabes de diversificar sus economías y asegurar suministros vitales (comida y energía alternativa como el gas) de forma eficiente será aún más urgente.
En suma, la Argentina tiene una gran ventana de oportunidad. La volatilidad del entramado internacional pone en jaque el aprovisionamiento de muchos países. Para aquellos que componen el GCC, la situación es crítica. Ya sea mediante la ampliación de exportaciones, la recepción de inversiones estratégicas o la exportación de tecnología agrícola, el país dispone de herramientas para capitalizar su matriz productiva.
Podría ser el momento oportuno para promover lo que puede definirse como una "diplomacia del complejo agrícola", esto es, la utilización de la capacidad exportadora, tecnológica y de recepción de inversiones en el complejo agroalimentario como instrumento de política exterior para la construcción de alianzas estratégicas y vínculos de largo plazo.
Argentina dispone de un amplio conjunto de herramientas para operacionalizar esta estrategia. En el plano de la política exterior, resulta clave profundizar las agendas bilaterales. Mediante acuerdos sanitarios, la creación de agregadurías agrícolas, una presencia sostenida en ferias internacionales y la consolidación de redes de certificación halal se pueden ampliar los volúmenes exportadores. En paralelo, la promoción de inversiones en producción y tecnología pueden ser también potenciados. Esto sería posible mediante la constitución de marcos de seguridad jurídica que faciliten la conformación de joint ventures y el apoyo a la adopción de soluciones argentinas de alto valor agregado en agrotecnología en Medio Oriente.
En un contexto global tan vertiginoso, la autonomía sostenida por sólidos lazos económicos es un fuerte activo para cualquier Estado que busque proyectar presencia global y generar relaciones de largo plazo que amplíen el horizonte de su política exterior.
