Productos únicos: el valor agregado de los Certificados de Denominación de Origen

No todo queso azul es roquefort. Ni todo salame es de Tandil. Detrás de los nombres que protegen productos únicos hay algo más que una etiqueta: hay territorio, trabajo y una oportunidad para dinamizar economías locales. En Argentina, los certificados de denominación de origen siguen siendo una herramienta subutilizada, a pesar de su impacto comprobado en valor agregado, turismo y desarrollo regional. ¿Puede un simple sello ayudar a transformar la matriz productiva?

ECONOMÍA E INDUSTRIA

Agustín Cebile

12/18/20252 min read

Instintivamente, cuando pensamos en un lugar, lo asociamos con sus productos típicos: un vino mendocino, un salame tandilense o un dulce cuyano. Esa conexión entre territorio y producto no es casual, y en muchos casos está protegida por una herramienta concreta: los Certificados de Denominación de Origen (CDO). Aunque poco conocidos por el gran público, estos sellos reconocen la unicidad de un producto por su origen, su proceso de elaboración y sus componentes.

Los CDO son definidos como garantes del vínculo estrecho entre el producto,los procesos de producción y el lugar de origen. En Argentina, la ley 25.966/2004 es la que regula el mecanismo para la obtención de estos certificados, siguiendo normativas de la OMC y del MERCOSUR. Esto demuestra la relevancia que estos certificados tienen internacionalmente, siendo claves para distintas regiones del mundo. Según la FAO, estos sellos pueden incrementar hasta en un 50% el valor de mercado de los productos certificados.

Aunque parezca un capricho, el hecho de que no se pueda rotular como queso “Roquefort” a cualquier queso azul tiene relación con los CDO. Esta historia se remonta a siglos atrás, cuando en Francia se comenzaron a utilizar estos mecanismos, debido a que los reyes otorgaban patentes para la producción de determinados productos. En 1920 es reconocido oficialmente el primer CDO, otorgado a la producción de queso “Roquefort” en la zona de Roquefort-sur-Zoulon. Solo seis son los productores habilitados para utilizar este etiquetado. Por ello, el resto de productores del mundo únicamente puede producir este tipo de queso bajo la denominación “Queso Azul” o “Queso Tipo Roquefort”.

En Argentina tenemos únicamente cuatro productos con denominación de origen: Salame de Tandil, el Chivito Criollo del Norte Neuquino, el Dulce de Membrillo Rubio de San Juan y los Espárragos de Médano de Oro. En el caso del Salame de Tandil, desde que se le otorgó el CDO, su valor de mercado se incrementó entre un 15% y 25% en comparación con salames sin certificado. Además de dotar de importancia a la Fiesta Nacional del Salame de Tandil, que según datos del gobierno municipal de Tandil, recibe más de 150.000 visitantes anualmente. Basado en el gasto turístico promedio y datos de cámaras empresariales locales se calcula un impacto económico que ronda los $1.200 millones anuales. Estos datos nos muestran lo clave que resultan los CDO para dinamizar economías locales y arraigar tradiciones.

Detrás de cada producto, están las historias de los verdaderos protagonistas: las comunidades que los producen y los territorios que los definen. Su trabajo y tradición se ven reflejados en las fiestas regionales que los celebran, espacios que nos invitan a conocer estos productos, su entorno y las economías locales que impulsan. Los CDO reconocen la singularidad de cada proceso productivo, de sus materias primas y de los territorios donde se elaboran. Promover su difusión significa fortalecer los productos autóctonos y, con ellos, el desarrollo argentino.