Transición energética, hidrocarburos y desarrollo: el rol estratégico del gas en un país federal

La transición energética en Argentina requiere enfoques graduales que articulen desarrollo, seguridad energética y federalismo. En este proceso, el gas natural y otros hidrocarburos mantienen un rol relevante como fuentes de abastecimiento y de recursos para financiar la propia transición. El desafío no es su reemplazo inmediato, sino su integración a una estrategia de planificación que permita fortalecer capacidades productivas, promover energías limpias y reducir desigualdades territoriales.

DESTACADOSAMBIENTE Y DESARROLLO SOSTENIBLEECONOMÍA E INDUSTRIA

Tomás Durisburu

1/31/20263 min read

Las transformaciones del sistema energético global plantean desafíos significativos para países con estructuras productivas fuertemente vinculadas a los hidrocarburos. En el marco de la transición energética, la necesidad de reducir emisiones convive con la obligación de garantizar seguridad energética, desarrollo económico y cohesión territorial. En Argentina, este proceso se desarrolla en un contexto federal en el que las decisiones energéticas tienen impactos directos sobre las provincias y los territorios productores, lo que vuelve indispensable articular objetivos ambientales con realidades productivas y sociales.

La matriz energética argentina continúa mostrando un fuerte predominio del gas natural, que representa la principal fuente de consumo primario y de generación eléctrica. Este rasgo estructural condiciona los tiempos y las estrategias de la transición, ya que una sustitución acelerada sin planificación podría generar efectos económicos y sociales adversos. En este contexto, el gas natural ocupa un lugar central como recurso de transición, al permitir reducir emisiones en comparación con otros combustibles fósiles y, al mismo tiempo, garantizar el abastecimiento energético mientras se desarrollan capacidades en energías renovables y tecnologías limpias.

En el escenario actual, los hidrocarburos continúan desempeñando un rol relevante en la economía argentina. La producción de petróleo y gas, en particular a partir de los recursos no convencionales, permite generar divisas, fortalecer la balanza comercial y obtener recursos fiscales en un contexto marcado por restricciones estructurales al crecimiento. Esta ventana de oportunidad resulta especialmente significativa en un período en el que la transición energética global avanza de manera desigual y mantiene una demanda sostenida de gas natural como insumo estratégico.

La relevancia de estos recursos no radica únicamente en su explotación, sino en el uso que se haga de los ingresos generados. Cuando se orientan de manera eficiente, los recursos provenientes del sector hidrocarburífero pueden contribuir a financiar inversiones en infraestructura energética, mejorar la capacidad del sistema eléctrico y sostener políticas públicas destinadas a diversificar la matriz productiva. De este modo, la explotación de hidrocarburos puede integrarse a una estrategia de desarrollo que fortalezca las condiciones necesarias para avanzar hacia una transición energética gradual y sostenible.

Sin embargo, el impacto positivo del sector depende de la existencia de una política de Estado de largo plazo, marcos regulatorios estables y capacidad estatal para orientar inversiones, apropiarse de parte de la renta y evitar ciclos de volatilidad. La ausencia de planificación, previsibilidad y coordinación institucional puede derivar en procesos desordenados que limiten tanto la seguridad energética como las posibilidades de desarrollo económico y territorial.

El carácter federal del sistema energético argentino introduce desafíos adicionales. Las provincias tienen un rol central en la gestión de los recursos naturales y en la captación de inversiones, lo que vuelve indispensable la coordinación entre los distintos niveles de gobierno. Una transición energética efectiva requiere alinear agendas nacionales, provinciales y locales para que los beneficios del desarrollo energético se traduzcan en mejoras concretas para los territorios y no profundicen desigualdades preexistentes.

En este escenario, la transición energética aparece menos como un reemplazo inmediato de recursos y más como un proceso de transformación progresiva. Cuando los hidrocarburos se integran a una estrategia de desarrollo que prioriza la planificación, la inversión productiva y la equidad territorial, dejan de ser un obstáculo y se convierten en un puente hacia un sistema energético más sostenible. Para Argentina, el desafío no es elegir entre desarrollo o transición, sino construir un camino que permita articular ambos objetivos de manera consistente, realista y federal.