Un tratado más allá de los aranceles: el nuevo eje económico entre Washington y Buenos Aires
El nuevo acuerdo entre Estados Unidos y Argentina marca un punto de inflexión en la relación bilateral al reconfigurar no solo el comercio, sino también las reglas, los estándares y los equilibrios de poder económico. A través de compromisos que abarcan acceso a mercados, convergencia regulatoria, comercio digital, inversiones estratégicas y seguridad económica, el tratado consolida un cambio profundo en la forma en que ambos países se relacionan.
DESTACADOSECONOMÍA E INDUSTRIAPOLÍTICA INTERNACIONAL


El nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y Argentina marca un punto de inflexión en la relación bilateral al ir mucho más allá de una simple reducción de aranceles. Con compromisos que abarcan desde la convergencia regulatoria y el comercio digital hasta la cooperación en inversiones estratégicas y seguridad económica, el tratado redefine las reglas del intercambio y posiciona al vínculo bilateral en una lógica de alineamiento de largo plazo.
Un nuevo vínculo comercial
El Acuerdo sobre Comercio Recíproco e Inversión entre Estados Unidos y la República Argentina inaugura una nueva etapa en la relación económica entre ambos países. El texto establece un marco orientado a modernizar el vínculo bilateral, fortalecer la competitividad y consolidar una asociación estratégica basada en la reciprocidad. El preámbulo del acuerdo subraya una visión compartida de prosperidad, innovación y cooperación, y plantea como objetivo central la eliminación de barreras que, en la práctica, han limitado el potencial del intercambio entre ambas economías.
En el plano comercial, el acuerdo introduce una reconfiguración de los aranceles y de los regímenes de acceso al mercado. Argentina se compromete a aplicar reducciones y eliminaciones de derechos de importación para bienes originarios de Estados Unidos. Estas disposiciones abarcan sectores clave como carnes, quesos, vinos, productos agroindustriales, alimentos procesados y vehículos automotores. De manera recíproca, Estados Unidos elimina los aranceles a 1675 bienes argentinos y establece límites máximos para otros productos, además de ampliar la cuota de acceso preferencial para la carne bovina hasta las 100.000 toneladas. Este esquema refleja una lógica de apertura controlada, orientada a estimular el comercio bilateral sin abandonar completamente los instrumentos de protección.
Convergencia regulatoria y eliminación de barreras no arancelarias
Uno de los rasgos más relevantes del acuerdo es su énfasis en la reducción de barreras no arancelarias, que en muchos casos han resultado más restrictivas que los propios aranceles. Argentina asume compromisos para eliminar o automatizar licencias de importación, reconocer estándares técnicos y procedimientos de evaluación de conformidad de Estados Unidos, y evitar la duplicación de requisitos regulatorios. El texto establece, además, la aceptación de certificaciones y autorizaciones de autoridades estadounidenses en áreas sensibles como medicamentos, dispositivos médicos, vehículos y autopartes.
En el ámbito agroalimentario, el acuerdo refuerza el principio de que las medidas sanitarias y fitosanitarias deben basarse en criterios científicos y de evaluación de riesgos. Argentina se compromete a reconocer a las autoridades sanitarias estadounidenses como competentes y a facilitar el ingreso de productos cárnicos, avícolas, lácteos y otros alimentos, eliminando trabas consideradas injustificadas. Esto apunta a reducir costos, acelerar tiempos de acceso al mercado y otorgar mayor previsibilidad a los operadores económicos, al tiempo que limita el margen de discrecionalidad administrativa.
Tecnología, inversiones y alineamiento estratégico
El acuerdo incorpora un fuerte componente vinculado al comercio digital y a la economía del conocimiento. Argentina se compromete a no imponer impuestos discriminatorios sobre servicios digitales, a facilitar el comercio electrónico y a no exigir transferencias forzadas de tecnología, código fuente o conocimientos propietarios como condición para operar en su territorio. Asimismo, ambas partes acuerdan mantener la exención de aranceles sobre transmisiones electrónicas, consolidando un marco favorable para el desarrollo de servicios digitales y plataformas tecnológicas.
El tratado también establece un esquema de cooperación en materia de inversiones estratégicas, con especial énfasis en minerales críticos, energía, infraestructura, telecomunicaciones y transporte. Argentina garantiza un trato no menos favorable para los inversores estadounidenses y se compromete a asegurar que las empresas estatales actúen bajo criterios comerciales, limitando subsidios que puedan distorsionar el comercio. Estados Unidos, por su parte, prevé la utilización de instrumentos financieros públicos para respaldar proyectos considerados prioritarios.
Finalmente, el acuerdo introduce un componente de alineamiento en materia de seguridad económica y nacional. Argentina se compromete a cooperar con Estados Unidos en controles de exportación, sanciones económicas, revisión de inversiones por razones de seguridad y medidas frente a prácticas comerciales desleales de empresas controladas por terceros países.
Nuevas reglas
El acuerdo no se limita a abrir mercados: fija nuevas reglas de juego para la relación entre Argentina y Estados Unidos. Al combinar comercio, normas, tecnología e inversiones estratégicas, el tratado proyecta sus efectos mucho más allá del corto plazo y convierte al vínculo bilateral en una herramienta de posicionamiento económico y político. En ese sentido, el entendimiento marca un antes y un después, al establecer un marco que no solo redefine el intercambio, sino también el lugar de Argentina en el mapa de las alianzas internacionales.
